1.31.2007

stupid cheese

Uno se defiende como puede. Después de algunos días de estar intensamente acompañada, me encontraba en batalla a muerte con mi soledad, tirada en el sofá leyendo ... Maxim.
¿Cómo acabo yo leyendo revistas para hombres? Talvez porque después de todo, es cuestión de hombres – quiero decir, la soledad: porque está la variedad de uno (la soledad llena de uno), y está la otra soledad, la de él (la soledad vacía de él). Tiene que haber algún lugar para decir que la primera variedad y yo nos llevamos muy bien (bueno, mejor que antes) y admitir que realmente es especial, la compañía de un hombre. “Él” no te acompaña igual que tus amigos, ni tus padres, ni tus hermanas, ni que tu trabajo ni tu perro ni el pastel de manzana ni el pescadito que no pudiste comprar aquel domingo inhumanamente frío.
Y así, pensando sin querer en “él”, me encuentro con el artículo “Maxim’s 50 Lamest Things of All Time” y lo encuentro (a él) en los siguientes items (con su correspondiente comentario sarcástico).
  • #50 Dogs in handbags. Wasn’t picking up their shit enough? If you need a pet you can carry everywhere, check out internal parasites.
  • #44 Men in helmets. Playing for the Packers? Jumping your bike over the Snake River? If not, let the wind whip through your frickin’ hair already.
  • #34 Pepper Jack. Stupid cheese!
  • #33 Dolphin swimmers. When these so-called second-smartest mammals evolve to the point that they can come up on the land, then we’ll hang with them. (It’s our turf or nothing, pseudo-fish).
  • # 15 Dream catchers. For people brave enough not to run into Mommy’s room when they have a nightmare but scared enough to require an eBay “Native American artifact” before they can sleep.
  • # 1 Mandals [Birkenstocks worn with socks]. Another crime against humanity courtesy of the Germans.
Y he de decir, con todo respeto, que he compartido épocas de mi vida con some lame motherfuckers! Hay que reírse, porque (seriamente) no importa lo especial que cada uno fue en su presencia: en su ausencia todos son iguales. Por eso vamos a llamarlo Equis; darle nombre de una vez, ya que tanto lo pienso.
Y en defensa de Equis (que no se puede defender porque no está), he de decir que sí, hay algo tonto en lo del perro en bolso, pero fui yo la que insistió. Y no fue idea mía ni de Equis, pero sí me gustó nadar con los delfines.
De lo demás, me lavo las manos. De hecho, voy a escribirle a Maxim con unas cositas más. ¿El osito de cuando era bebé ... todavía en la cama? ¿Jeans con la camisa por dentro, correa de vestir (de cuero) y ... zapatos tenis blancos? (Odio ese fucking look.) ¿Pelo largo después de los 30 años? Ese mínimo gesto efeminado con el cual critica a fulano efeminado. Y pasar felizmente por la vida creyéndose (como orgullosamente dice el anuncio de José Cuervo en Maxim) “expert appraiser of the female form” cuando él (Equis) tiene barriga, o piernitas de pollo, o usa ropa interior de abuelo, o usa una talla más grande de la debida o ... you name it.
Y más. Qué hay peor que la microfalda que la exnovia olvidó en casa en su última “visita” y que se supone que yo no veo (pero está ahí en el fondo del closet). El libro de recetas que otra dejó en la cocina, con la dedicatoria en letra cursiva por el día de San Valentín. Las tazas que no combinan: logotipos de equipos deportivos, de conferencias, de estampas de souvenir de cualquier ciudad, sin olvidar la taza con forma de bota navideña. Los discos de vinyl de artistas totalmente olvidables. Las horribles bufandas tejidas por Mamá. Las malditas heridas que dejó la ex (cualquiera que haya sido) y por la cual Equis – un hombre perfectamente (o, como este catálogo bien ilustra, imperfectamente) adorable – no cree más en el amor y por el cual hoy me encuentro escribiendo esta noche. Thanks. (Ya viene la carta para ella, bruja matailusiones).
Todo ese basural de estupideces y recuerdos que los otros arrastran, como yo a ellos.
Yo que últimamente estoy pensando en la vida de las cosas – y voy a escribir menos de mí y más de ellas – hoy me encuentro pensando en las cosas de otros y en cómo, talvez, los otros son (de alguna forma), cosas.

1.16.2007

fluff

Es cierto que a veces una rosa es una rosa es una rosa. Hace algún tiempo imaginé que la habitación de mis sueños debía recordarme el aire, debía ser un espacio en el cual olvidarme de todo lo que me ata a la tierra, donde poder soñar, descansar, levitar si mis sueños me llevaran a ello. Pensaba en plumas, en la espuma del mar, en dientes de león (dandelions) dispersos por el aire. En sauces blancos, que en inglés tienen un nombre más hermoso: pussywillows; árboles tristes con ramas que parecen patitas de gatos blancos y mimosos, relamiéndose. El invierno pasado encontré un pussywillow en miniatura y esa divinura botánica inundó de paz mi habitación con sus brotes-patitas blancas y me regaló, más o menos en marzo, una sorprendente primavera. Fotografié sus flores-nubes lo mejor que pude. Me extendí contemplando su suave destemplar. Cambió la estación, y tuve que despedirlo en una casa que se tragó el pasado. Solo que hoy iba por el supermercado, ávida como la proverbial hormiga llenando de víveres la carretilla, cuando me di la vuelta y lo vi. Sin más significado ni más filosofía: qué alivio sentí, qué suerte tuve. Está de vuelta en casa.

1.05.2007

gratitud 2007

La delicia y el perfume de mi vida

es el perfume de esas horas

en que encontré y retuve el placer

tal como lo deseaba.

La delicia y el perfume de mi vida,

para mí, que odié

los goces y los amores rutinarios.

—Konstantino Kavafis (Voluptuosidad, 1918)

12.16.2006

first things first

I.
Id been meaning to catch up with Blondie for months. We finally met at the train station to go downtown for drinks. There was lint on her coat and her eyes were puffy. Her cheeks were pale against her hot pink satin scarf. But she wore a black knit cap that made her look like a 1920s movie star. Walking through the ramp, our train about to depart, I dont feel like rushing:
—We don’t need to run to catch this train, do we?
—Nah, there will be another one in a minute.
—Exactly. No need to run in heels and break an ankle, anyway.
—Oh my God. Or break a heel!
(And that’s un tacón, no un talón.)
Amen to that.

II.
Two rose petal martinis later, at the train station again. Blondie says, you must have a lot of shoes. I say, I do. But I think Ive managed to ruin my feet in the last year. Ive never walked as much in heels as I have over the last year. I was really proud of myself. And my ex used to love it. But now I cant get comfortable in any kind of shoe! Then, sadly: And I do love shoes. Blondie says: Lately I prefer to wear sneakers, to be honest (she giggles). My grandfather was a podiatrist. He always said, wear comfortable shoes.

III.
Birchside Street is pleasantly dark and residential, quiet except for the click-click-click-click of my steps. I walk slow and steady and ponder the fact that I never feel unsafe in my neighborhood. (My first womens studies prof used to call high heels victim shoes.) My feet hurt, yet I have the uncanny conviction that I can blaze if I had to.
Alone in my bed, I ask myself two questions. Will I really have to buckle down and wear Naturalizers one day? (The horror! How soon?)
And, Who ever heard of a podiatrist who was fabulous, anyway?
Cuddled up in my bed with my life in control, I rub my throbbing sore feet together and still feel invincible. And tall. And Im pretty sure it has nothing to do with the shoes.
Maybe its all attitude.

12.06.2006

regresa mi hombre favorito a mi cama

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué descaecimiento es éste? ¿Estamos aquí o en Francia? Mas que se lleve Satanás a cuantas Dulcineas hay en el mundo, pues vale más la salud de un solo caballero andante que todos los encantos y transformaciones de la tierra. (Sancho a Don Quijote en la Segunda Parte, Capitulo XI).

12.03.2006

drink

it was cold in the kitchen
and the light was low
as winter wrapped around
chicago

11.01.2006

10.31.2006

por-que-es-to-tal

Confieso, confieso, que hace poco más de un mes recibí un comentario muy grosero. Decía así: Llegué a esta mierda por accidente y la verdad es que sólo tonterías es tu vida.
¡Escándalo! ¿Quién habrá sido el infeliz anónimo? Recordé haberle hablado de este blog a un morenazo puertorriqueño que conocí regresando de Perú, un papi-promotor-musical con unos ojos preciosos y una labiaaaaa, que me dejó con gran inquietud por las alturas (y no las de Macchu Picchu), pero que aparte de mandarme un text message galante al llegar a los EU, desapareció del mapa.
Uy, pensé, basta de darle a leer mi diario íntimo a desconocidos (claro, porque usted, querido lector, es de la casa). Luego no se sabe quién mete las narices aquí. Yo queriendo pasar por alto, por supuesto, que (por admisión propia), fulano llegó aquí por azar, o como lo dijo más estrepitosamente, by accident.
Traté de ignorar la mala onda y sin embargo seguí dialogando con él. Pero no, quería decirle al grosero ciberlector – aparte de mentarle la madre – no entendés, también escribo en frida, y realmente soy una melancólica total, soy profunda y este blog, pues, pues es un paseo en el parque para mí, un poco de aire fresco ... O si no, de pronto quería decirle: ¿Ah, sí? Pues qué bien que mi vida te parezca una tontería, ¡esa es la idea!
Días después un amigo opinó que se transpira melancolía en estas páginas, y otro por ahí me habló del despecho (palabrota). Y hoy, hoy noto que hace más de un mes que Lola estaba calladita. ¿Será que la vida se me puso heavy, será que he perdido el sentido del humor, será...?
Nada. Lo que hay es lo que es, y lo que hay, querido lector, es lo siguiente. Te conocí en un bazar un sábado al mediodía y al que no le guste: no con-tro-les, no con-tro-les, no con-tro-les, no con-tro-les. Porque en estos días llega el otoño revolviendo nostalgias y lo que me provoca es escuchar a Flans, enamorarme de un fan que corre-corre-corre por el boulevard y que todo lo malo me resbale y se lo lleve el viento. He dicho.


10.30.2006

reina

Estoy seguro que si vas a Argentina y te ve un cordobés, te hace una cumbia.

9.20.2006

buena fortuna

to sit all alone on the grass

having lemony chicken

in the blazing sunshine

with a friend’s umbrella in my bag

(on a day where rain was in the forecast)

falling asleep all curled up on the grass

quiet but for the little ants

crawling on my toasty brown arms

(at the park where my heart was last broken)


9.07.2006

la santa cachona

Anoche T. y yo platicamos de nuestros nombres y sus significados. Hoy el desgraciado me informa por email:

¿Sabías que Santa Fabiola es la patrona de las viudas, los matrimonios difíciles, los divorciados y las víctimas de abuso, adulterio y traición amorosa?

¡Pues qué bonito! Pero asi, a mí que no me canonicen, porfa.

9.06.2006

la palabra precisa

Southern Decadence? What kind of festival is it?

Well, who would use a name like that?

A bunch of rednecks?

Rednecks don’t use the word decadence.

Ohmygod. A bunch of fags.

Exactly. It’s gonna be a blast.

9.05.2006

una tarde cualquiera

la ambigüedad
es muy poética
y la poesía acecha
se te mete entre las sábanas cuando menos lo piensas
y en la piel ni hablar
yo decidí que soy un concierto feliz de contrarios (paradoja)
y eso sin ambiguedad: com certeza
¿qué tal? y tengo certeza de muy poco...

ah, ¡es que hay un manual!

La revista brasileña Sexy, “la que entiende la cabeza de los hombres” ofrece un iluminador artículo llamado “Hora de la revancha: La cruel cartilla para vengarse de la ex.” Sí, porque “perdonar, dar la otra mejilla, olvidar ... eso es cosa de santos o maricas”, según dice aquí.
Porfa no me pregunten por qué estoy leyendo esta porquería de revista, sólo les cuento que ahora todo el comportamiento del Infeliz me parece elemental, mi querido Watson, y solo me queda cagarme de la risa y transcribir la guia para que ni a mí ni a mis chicas, nos agarren desprevenidas en un futuro (y se me ocurre que una amiga mía bien puede usar la guía a su favor):
1. Continúe siendo amigo de los amigos de ella. Trátelos bien, hágase la víctima, invítelos a salir. Así será más fácil que sus nuevas travesuras lleguen a oídos de ella.
2. No demore en buscar una nueva aventura. Nada más doloroso para su ex que enterarse que usted no quedó abatido con el fin de la relación.
3. No diga “Aló” cuando conteste el teléfono, diga “¿Quién habla?”, aunque sepa que es ella. Hágase el que no la reconoce, es la mayor muestra de que ella ya está en el pasado.
4. Salga con una mujer guapa, inteligente y simpática. Y de preferencia, que sea lo opuesto a su ex: si la ex era rubia, salga con una morena. Paséese con ella, por todos los sitios que su ex frecuenta. La idea de que a usted le puede gustar algo que no sea ella le corroe el alma y le baja la autoestima a cualquier ex.
5. Regale a su chica actual, lo más rápidamente posible, algo que a su ex le hubiera gustado recibir. Mucho más traumático que pensar que usted lo hace con otra, es pensar que usted es más atento y cariñoso con la nueva de lo que nunca fue con ella.
6. Póngase en forma, vístase bien, luzca guapo. ¿Ella reclamaba de su barriguita? ¿De sus zapatos feos? Ahora que el noviazgo acabó, siga todos los antiguos consejos y circule en forma, bien vestido y feliz por las calles donde ella pasa. La sensación de derrota es devastadora.
7. Conquiste una de las amigas de ella. Así mata tres pájaros de un tiro: ella se sentirá doblemente traicionada, por usted y por la amiga, y además se sentirá cornuda, porque siempre dudará si ustedes tuvieron algo antes del término oficial del noviazgo.
8. Invítela a cenar y propóngale un re-encuentro. Trátela como nunca, sea el mejor de los caballeros, dele el chance de re-evaluar la situación. Trátela como la mujer más importante de la tierra. Después llévela a un motel y despídala en cuanto terminen lo que llegaron a hacer.
9. Mantenga siempre contacto con la familia de ella. Trátelos muy bien, especialmente a la madre. Llame para decirles que está sufriendo por la separación y que todavía la quiere. Hágase la víctima. La familia se encargará del resto, recordándolo a usted en los almuerzos domingueros, tratando a los pretendientes con frialdad y mirándola a ella como si fuera una víbora.

9.03.2006

vida nueva

Cosas perdidas en la mudanza:
1. Impresora y escáner
3. Lámpara estilo chandelier
4. Tacita marroquí azul
5. Mi dirección original para fridasays
6. Un hombre que yo amaba

Cosas de más:
1. Ver el item anterior.
2. Tijeras. Entre junio y los viajes del verano, acumulé cuatro.

8.28.2006

vicisitudes de la lengua

¿Qué es esto, el diario de Bridget Jones? Tanto hablar de chicos... Aqui instalada en el pasillo de un Hostal Imperial en Miraflores, que de imperial no tiene nada, aprovecho mis últimas horas de viajera anónima para contar algo alucinante que nada tiene que ver con el sexo débil (sí, ellos). Y asi despedirme del verano.

En Perú creen que soy española; el diablito que llevo sentado en el hombro izquierdo me ha soplado al oído, “creo que eso significa que no tengo cara de india.” ¡Qué malo! Y en Río, un señor pensó que yo era gaucha, o sea habitante de la frontera con Argentina, donde se habla portugués con deje castellano. El detalle es que “captó” mi acento antes de que yo dijera palabra. Qué cara versátil tengo, ¿no? De nica, a conquistadora, a gaucha. Y yo que solo quiero retardar las arruguitas que ya empiezan a asomarse. Y talvez parecerme un poquito a Frida o a la Zeta Jones.

En Brasil, decir que algo es la foda significa que es lo máximo; mientras que decirle a alguien fodase es decirle que se joda. O sea que de algún modo, joder es lo máximo, ¿no?

Lo bueno, lo cool, en Brasil es legal. ¿Cuándo se ha visto esa admiración por las normas? En otros lugares, lo bueno se sale del marco, incluso de lo civilizado: en Nicaragua, salvaje, bestial (búfalo para una generación atrás); en Perú, bacán y (mi favorito) monstruo, pronunciado mostro.

La muletilla para expresar que estás prestando atención o estás de acuerdo, es é o éa. Pero ese é suena igualito a la clásica expresión nica de desafío o desdeño. Ejemplo: —Lola, el Difunto dice que todo fue tu culpa. Respuesta nica: —É! (se dice con fuerza, con la nariz para arriba, tipo, ¡está completamente loco! La negación total.)

Mientras que, por el contrario, el éa portugués me suena al yeah inglés, de modo que en portugués cuando asentís, es con ganas. Oh yeeeaaah para todo.

El oi brasilero, que significa hola y se usa de muchas formas para llamar la atención de otra persona, me suena al nica óe, que tiene el mismo uso y además puede ser tan deliciosamente celebratorio, como el ¡Oeeee, bacanal! con que saludo a W.

Un día entré a un supermercado en Río que tenía bines repletos de carne seca de lagarto: bistecs, lenguas, creo que hasta visceras, emblanquecidas y con olor extraño por todo el súper. ¿Sería costumbre amazónica eso de comer lagarto? Fue en el aeropuerto, saliendo de Brasil, que me enteré que lagarto significa res.

En Portugués, botar algo es tirarlo pero también ponerlo (o sea que la gallina bota huevos). Pegar es coger algo y también pillar a alguien (y yo no puedo evitar conjugarlo todo para imaginarme un escenario fetichista en el que te pillan, te cogen y te pegan). Marcar es fijar (por ejemplo, una cita), mientras que ligar es marcar (un número telefónico) y rolar es, coloquialmente, ligar con alguien.

¡Qué rollo!

8.23.2006

delicia de los desencuentros

El salón de belleza era la sala de una casa. Era amplia, con ladrillos blancos; de un lado estaban las habitaciones de las dueñas y estilistas y del otro, un porche que daba a una calle sucia y muy transitada.

La niña estaba empezando a caminar y ensayaba sus primeras palabras. Se tambaleaba de la sala al porche recitando su palabra preferida: No – decía. (Pausa). No. (Pausa). (Se agarraba de las patas de las sillas, como una pequeña astronauta de pañales pesados). Y después en crescendo: ¡no, no, no, no!

La pedicurista le frotaba los talones a mi madre con la piedra pómez cuando las dos se percataron de la vehemencia con que la bebita ensimismada andaba recitando su “no.” Alzó los ojos y le dijo a mi mami: “Ay, hermana, ¡si tan sólo siguiera diciendo así después de los quince!” Las carcajadas no se hicieron esperar. Hasta la señora que andaba barriendo los mechones del piso se detuvo a media sala a doblarse de la risa.

Escuché mucha conversación de grandes (y me atiborré de porquerías leyendo Vanidades y Cosmopolitan) cuando mi madre me dejaba acompañarla al salón de belleza, pero esa conversación de la bebita nunca la olvidé.

Últimamente la recuerdo porque en lugar de idílicos encuentros con tipazos exóticos, me he dedicado a coleccionar desencuentros. Del taxista y el engañadito ya les conté. Hubo también un morenazo de ojos verdes con un cuerpo soñado (platicamos en la playa), pero andaba de paso por Río, así que no íbamos a ser amigos y una aventura tan anónima no me inspiró.

Hubo el rubio divorciado que vivió muchos años en Boston, tenía una voz suave y una moto (qué emoción), pero ante la duda de que la primera vez que no coincidimos me había dejado plantada, la segunda vez lo dejé tocar el timbre muchas veces mientras yo continuaba disfrutando mi baño calientito, sola y tranquila. (Ese fue el desencuentro más premeditado de mi vida).

Hubo el mesero simpático que dejé plantado sin querer y con mucho pesar: me invitó a una cerveza mi última noche en Río, pero corrí tanto por toda la ciudad ese día, que en la noche ya no tuve ganas de ir hasta allá a encontrarme con él.

Hubo el intelectual peruano, un flaco lindo y desarreglado con una inteligencia deliciosa y encanto de más, pero la novia me lanzó dardos venenosos por los ojos cuando me le acerqué. Después me cayó mal por sometido.

Hubo el rock star peruano que hubiera colmado mi fantasía groupie, pero es que el peludo no estaba tan bueno como su música.

En algún momento, hubo hasta un desencuentro en mi propia sala, para qué cuento más.

He de confesar que hay algo bien rico en todo eso. La picarona de Lily me decía hace varias semanas: “¿Y entonces? ¿Vas a ser la única que fue a Brasil y no se afincó un brasileño?” Ohhh the pressure! Y yo quería, a veces sí quería.

Pero no.

Cada vez que lo digo me da risa. Me siento un poco torpe y cómica, como esa niña que está aprendiendo a coordinar su cuerpo con su voz, su inteligencia con su deseo. Mejor aún, cuando lo digo y sé que ya no estoy guardando luto por el Difunto, sino siendo leal conmigo misma, me siento... grande.

Ah, pero a Brasil, a Brasil hay que volver. Eso síííí.


8.14.2006

breve documental de un imposible

Amigos. No es que yo quiera arrastrar nostalgias ni complicaciones a este espacio decididamente irresponsable. Pero es que hay que decirlo. Si por la boca muere el pez, entonces las niñas han de morir por las orejitas.

Claro, porque hay palabras que entran y se quedan ahi, murmurando. Pequeños poemas cotidianos que se hacen sin querer y piden su espacio.

Voy a que sus palabras me seducen. No podría decírselo a él nunca (en realidad, hace muchos años que lo intuye). Pero a ustedes sí.

De todos modos, para evitar que la cursilería sea imperdonable, me limito a documentar y no comento mas.
Querida...,

De Boston a Lima. Melville describe la bruma del puerto y la ciudad, su casi aterradora tristeza.

A estas alturas tu seminario ya estará por terminar y tu ya serás ciudadana honoraria de la tres veces coronada ciudad de los reyes–ciudad “jardín”, en mi infancia; Lima “la horrible”, para otros.

Espero que estés disfrutando de tu estadía. Me imagino que después de Río, Lima va a ser un pastelito. ¿Está gris? El día que se sienta más gris [porque el gris se siente en la piel en esa ciudad] vete a mirar el mar desde los acantilados de Miraflores: no le digas nada, no le preguntes nada; simplemente míralo cumplir con sus rituales.

Un abrazo,
....

Prueba pictórica de que seguí su recomendación, un suspirito aqui entre nos, y chau.


8.03.2006

el galán tatuador

En las playas de Río pasan los vendedores. Experimentados, ya saben bien qué venderle a quién. Nosotras, como buenas turistas, compramos aretes hechos de pedazos de coco y unas mantillas con colores escandalosos para acostarnos en la arena. María se compró una salida de baño con un bordado hermoso. Yo me compré una botellita de bronceador que supuestamente era de coco, pero más bien olía a aceite de bebé (¡y qué pañal el que andaba yo puesto!) Y como todo el mundo, siempre que fuimos a la playa compramos agua, Skol, milho (elotes) y biscoitos (son como las rosquillas nicas, pero livianitas).
Me encanta escuchar los pregones. Mejor dicho, cuando los escucho me imagino estar en el lugar de mi viejo. Él disfrutaba de prestar atención a ese tipo de detalles. Me acuerdo que le gustaba escuchar un vendedor de periódicos que entonaba así: ¡La Preeeeeeeeensa-La PrensÁ-a!
El pregón más común que escucho aquí es Itália, ItÁlia!, con tremendo énfasis en la segunda Itália (es un sorbete). De vez en cuando algún pregón incorpora una estrategia de marketing: Itália, Itália! O mais barato da praia! Pero mi preferido hasta el momento fue, O camarão, camarão, camarão! Y con rrrrritmo ese camarão. Como si fuera un poema (Elogio al Rico y Delicioso Camarón) adaptado a la samba. Buenísimo.
Un día, la Mari y yo estábamos sentadas en la playa y un vendedor galán nos vino a saludar. Sin que me diera cuenta ya nos había besado la mano a cada una y nos charloteaba, de lo más simpático. Era un moreno joven, con el pelo en dreads y la piel azulosa, achicharrado de andar en el sol. Lo que vendía era una especie de tatuajes no-permanentes cuyos diseños llevaba en un álbum destartalado: maripositas, laureles, símbolos africanos, qué se yo. Conversa conversa y de pronto, el vivo me agarra el pié y hace el ademán de empezar a pintármelo con un palito. Yo lo retiré al instante y le digo, No, yo no quiero tatuaje, gracias.
No es tatuaje, me dice todo meloso, es un dibujo con carbón orgánico. Acto seguido me vuelve a agarrar el pié, y yo que lo vuelvo a retirar le digo, ya enojada: ¡Que no!
Se levantó el galán tatuador enojadísimo, y se fue recitando una retahíla que puntualizó con: ¡O Brasil não é uma terra de gente com mala onda!
Y ese fue nuestro segundo cara de pau.

el desmedrado

Amigos, cuando les conté que los hombres en Río de Janeiro no nos paraban bola, les mentí.
Uno de esos días maravillosos y soleados, en que María y yo íbamos caminando medio desorientadas por las calles de Copa, se nos cruzó un hombre que parecía salidito de un cuadro de Picasso. Bajo, cuadradón, de cuerpo desigual – un hombro más alto que el otro, el pelo largo, cenizo, en una cola que no alcanzaba a domarle las mechas – tenía una cara notablemente asimétrica. ¿Era vizco? ¿Tenía un ojo más alto que el otro? ¿Parálisis facial? No sé. Fue una de esas cosas que ves y no captás hasta después. El tipo pasó veloz y María me dijo, ¿viste ese hombre? No faltó más. Nos tiramos la carcajada. – Te juro que nunca he visto cara más angustiada que esa. – ¡No, ni yo!
Una semana después, la Mari y yo andábamos en la calle, alucinando de hambre. Entramos en un pequeño comedor (que aquí se llama botiquim) y estábamos ojeando el menú cuando de pronto ... ¡el vizco! Estaba parado en el bar, justo al lado derecho de nuestra mesa. Con su cara desmedrada – y aparte borracho – nos dice, ¿quieren una recomendación? Y nosotras, como niñas educadas que somos, asentimos. Papa a la calabresa, nos dice, lo mejor que hay en Brasil. Gracias, le dijimos, haciéndonos las locas.
Seguíamos ojeando el menú, cuando llega a la mesa un plato de papas a la calabresa ... con tres tenedores. Se veían deliciosas: unas papitas cocidas enteras, con cáscara, bañadas en un mojo de aceite de oliva y ajo. Sólo que el vivo este, que ya estaba también pidiendo tres cervezas (le dijimos que no), empieza a comer (de pié) y a parlotear como el dueño y señor de la mesa. En lo que hablaba, se babeó un par de veces sobre el plato. ¡Qué asco!
María y yo nos quedamos viendo y le digo (en inglés), Hm. Aquí no hay forma decorosa de cortar... Vámonos.
Le dimos las gracias al vizco (¡lo que son los modales!), nos levantamos y nos fuimos. Supongo que se quedó atónito. Y nosotras, pues comprobamos (aunque talvez no del modo preferido) aquello que dice un amigo mío: que no es lo mismo tener un hambre atroz que un hombre atrás.